domingo, 7 de noviembre de 2010

La ley como forma civilizada de la guerra

Las leyes... Documentos que las contienen (constituciones y códigos). Leyes fundamentales y leyes específicas que rigen distintos ámbitos: las instituciones públicas, el comercio, el delito, la educación, la salud, la familia, etc. Los jueces, personas que en determinados momentos deciden si las acciones de cierta persona (natural o jurídica) son legales o ilegales.  Si son legales, hay absolución. Si son ilegales, hay sanción. También deciden sobre cuestiones relativas a los derechos y deberes. Pero veamos un aspecto interesante del mundo real con respecto de las leyes. 

Un ejemplo. Llegan dos personas de escasos recursos una acusa a la otra de maltrato físico. Los involucrados no representan un poder ni económico, ni político, ni de ningún tipo relevante. El dictamen del juez depende de la cantidad de información de que dispone, de cómo juzgue esa información, es decir, de lo que determine como verdadero o falso, de cómo ate cabos e hile circunstancias (por lo que también depende de la agudeza de sus capacidades cognitivas), de sus conocimientos previos, es decir, de su nivel cultural, de su experiencia como juez, de sus prejuicios y valoraciones vigentes en el momento de decidir. Todo esto es inevitable y comprensible. Ser imparcial consiste, en este caso, en recoger mucha información, en no dejar que ciertos prejuicios influyan en la decisión, en apelar al sentido común, al sentido de lo más probable.

Pero veamos otro ejemplo: un juez frente a un caso complicado que involucra a un político poderoso y a sus opositores. Podría tratar de tomar una decisión como en el anterior caso, resistiéndose a presiones, tentaciones, sobornos, amenazas, etc. Sin embargo, la más de las veces termina tomando su decisión de otra forma: considerando lo que más le conviene en términos profesionales, económicos, políticos o de seguridad para sí y para su familia. La decisión que tome, independientemente de si se ajusta o no a los hechos, podrá ser justificada de alguna forma; se encontrará en la ley sustento a sus acciones. Las pruebas se pueden fabricar o ignorar o tergiversar o interpretar. Cualquiera que sea el poder involucrado, si éste es lo suficientemente grande, el juez terminará decidiendo de acuerdo con su conveniencia en los aspectos antes mencionados. Así, pues, en las decisiones que involucran entes poderosos, no es la justicia la que opera, lo que opera es simplemente un pulso entre poderes o simplemente un poder. Desde ese punto de vista la ley no es más que una forma civilizada de la guerra. Las denuncias que prosperan, las faltas que son sancionadas, caso de que hayan existido, ocurren porque un poder está por encima de otro. Igualmente, las demandas que no prosperan o las faltas que no se castigan (así hayan existido), son muestras de que el poder, así atacado, es grande.

Entonces, no es la ética, no son los valores, no es una idea de honestidad o de justicia lo que está detrás de ese juego en aquellas esferas. De nuevo, es simplemente una guerra en la que se pierde el prestigio, el dinero, el poder o la libertad, incluso algunas vidas, pero que genera menos costos y sigue siendo mucho más civilizada que una confrontación bélica.