domingo, 7 de noviembre de 2010

La fe puede ser peligrosa

Cuando se reconoce que no es posible dar pruebas de la existencia de dios (Jehová, jesucristo o cualquier otro dios), suele apelarse a la fe. "Creemos en Dios por fe y no por pruebas y en eso radica nuestro mayor mérito" parece ser la posición de los creyentes más conscientes. Éste creer por fe, es decir, creer en Dios por fe, nos parece inofensivo y, cuando alguien acepta que sólo puede creer en Dios de ese modo, solemos aceptar sin más esa posición, pues "todos tenemos derecho a opinar lo que queramos." Sin embargo, hay otro tipo de creencias por fe que pueden ser más peligrosas. Por ejemplo, puedo creer por fe que Dios me ha mandado eliminar a los niños menores de 10 años de mi pueblo para que no sufran un castigo que viene pronto para todos nosotros. Si el asunto se quedara en una mera creencia, sin acción, no nos preocuparíamos mucho, pero si no, indudablemente tendríamos un problema con la fe. Así, la fe, que parecía tan inofensiva en el primer caso (en el caso del mero creer en Dios) se constituye, en el segundo caso, al menos para la mayoría de nosotros, en un problema. La apelación a la fe, entonces, que parece al principio tan meritoria, pues se cree sin pruebas, puede volverse peligrosa cuando va en contra de los imperativos éticos de la sociedad. Frente a un creyente peligroso, sólo tendríamos dos alternativas: persuadirle de que su idea de cometer asesinatos en nombre de Dios debe ser sometida a prueba (es decir, persuadirle de salir del plano de la fe al plano de la razón) o simplemente detenerlo mediante el ejercicio de la fuerza.